Marta Peirano: “Internet no es el problema, la extracción de datos es el problema”

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Las imágenes, este verano, de miles de manifestantes tapándose las caras mediante láser para no ser identificados por los sistemas de control biométricos ha avanzado imágenes de un presente distópico, en el que la tecnología al servicio de la represión amenaza cualquier disidencia. El uso de las redes sociales para fomentar discursos del odio y para agrupar a los terroristas supremacistas en Estados Unidos refleja también cómo estas herramientas funcionan como vehículos para el auge de ideologías totalitarias.

La periodista Marta Peirano (Madrid, 1975) ha publicado El enemigo conoce el sistema (Debate, 2019), un ensayo sobre el estado actual de internet, un espacio nacido para la distribución horizontal entre iguales que se ha convertido en una herramienta utilísima de vigilancia, control y  manipulación de masas a través de la industria de extracción de datos. Peirano, que se define como “cero ludita” es, sin embargo, profundamente crítica con las grandes multinacionales de internet, que define como hongos que están consumiendo el cuerpo social.

Uno de los aspectos más vigentes y controvertidos de la expansión de las herramientas digitales e internet es el auge de los sistemas de vigilancia. El propio título del libro remite a una retórica bélica. ¿Cómo estas tecnologías están al servicio de eso que se ha llamado una “guerra civil global” que marca nuestro tiempo desde al menos 2008? 

Más que querer enmarcarlo en términos de guerra, que me parece que son términos que ejercen un impacto muy específico en la audiencia, creo que nos enfrentamos ahora mismo a la amenaza del cambio climático. No sabemos lo que va a pasar dentro de diez años pero lo que sí sabemos es que va a hacer mucho más calor que ahora, va a haber menos agua que ahora, menos comida —por la combinación de calor y escasez de agua—. Estas son predicciones que no son del oráculo de Delfos, en ellas confluyen el 96% de los científicos que se dedican a estudiar ese tema. En ese contexto, que haya un número de empresas que gestionan la evolución y el reparto de esos recursos a mí me parece un problema. Sobre todo cuando son empresas privadas que están sirviendo intereses no solo privados, sino también militares. Sabemos que las empresas chinas sirven al Gobierno chino, incluso se ha afianzado esa servidumbre con una ley, que es la Ley de Ciberseguridad de 2017. Si Huawei desembarca en tu país para desarrollar una plataforma que te va a servir para gestionar desde la sanidad hasta la energía o los transportes o la economía, etc., estás poniendo tu infraestructura al servicio del Gobierno chino. ¿A quién sirven las otras empresas? Esta es una pregunta interesante, en el sentido de que tenemos configurada una parte del puzzle muy claramente: la de los “otros”, pero no tenemos configurada la parte que nos afecta a nosotros más, que es qué pasa con las otras empresas, en qué se diferencia el gobierno chino del norteamericano. Uno es un gobierno abiertamente autoritario y el otro se está convirtiendo en un gobierno autoritario. Y hemos visto que esa transición puede ocurrir muy deprisa. Lo hemos visto en Hungría, por ejemplo.

Lo interesante de este periodo es que seguimos pensando en términos de naciones-Estado en el sentido de que, cuando hablamos de esa reconfiguración de los poderes intervencionistas, estamos pensando en términos de países y no de individuos, colectivos o empresas. Esto es un problema que no afecta de manera individual a un par de países que se pelean entre ellos o a una colonia que se deshace del yugo, sino que está afectando a todo el planeta por igual. Esta es una reconfiguración global, y sus herramientas, en un principio, no han sido tanto misiles como herramientas de vigilancia. En el momento en el que una de las empresas más poderosas del mundo es la empresa que utiliza todo el planeta para comunicarse con sus seres queridos, con sus jefes, con sus primos en el otro lado del planeta, estamos hablando de un ejercicio del poder que es global y que está centralizado en una sola empresa, o en este caso de unas cinco o seis empresas en todo el mundo.

Creo que hay dos visiones que en la izquierda que se contraponen y son contradictorias sobre ese asunto: ese papel de monopolios como futuros imperios que van a acabar con los Estados-nación o la subalternización a esos intereses, algo que se ha visto en el caso Huawei cuando Android amenazó con dejar de prestar servicio a la empresa china para garantizar ese poder económico y militar de Estados Unidos. ¿Cómo se da esa dialéctica en este momento?

No creo que Facebook, Google o Amazon se vayan a convertir en los ‘imperios’. Sí pienso que son herramientas perfectas para la construcción de esos imperios, y creo que esos imperios se están desarrollando con esa herramienta de extracción de datos que permite tener ese poder de predicción y manipulación que no conocíamos hasta ahora. Pero estamos tan preocupados por lo ‘digital’ que no lo estamos mirando en combinación con otras cosas como, por ejemplo, la ocupación de tierras.

Estamos en un modelo industrial en el que los únicos que tienen capacidad de ejecutar legislación sobre las tecnologías son las tecnologías mismas

Es significativo el proceso de deshumanización que está en marcha con respecto a los inmigrantes centroamericanos, generalmente guatemaltecos, hondureños, que están personificados en la famosa caravana, que fue el centro de la campaña de Donald Trump… Esos hondureños están huyendo porque les han echado de sus tierras. ¿Quién les ha echado de sus tierras? Si te pones a investigar, son víctimas de una colonización de tierras previa por parte de grandes empresas de desarrollo, agroganadería, que están plantando en general soja, caña de azúcar y café. Es gente que huye, y que está huyendo de sus propias tierras, que eran su único medio de subsistencia. Y el país cuyas empresas han colonizado esas tierras es el país que les está demonizando. Me parece relevante que, sobre la famosa campaña que hicieron los militares en Myanmar a través de Facebook —una campaña de deshumanización de los rohingya—  se ha hecho una lectura sobre el racismo, que lo hay, pero no se ha hecho la lectura de quién se ha querido quedar con las tierras donde vivía esta gente. Son tierras en las que llevan viviendo 200 años y de repente su gobierno ha querido venderlas para que otros las exploten. En esos términos creo que es en los que se hace una lectura interesante. Que estas herramientas de vigilancia y de extracción y manipulación están sirviendo al mismo tiempo que se está recolonizando el terreno.

Es un proceso de acumulación.
Exacto. Es un proceso de colonización que va parejo a un proceso de desarrollo de infraestructuras, no solamente en esos países, sino principalmente en los países donde ese proceso todavía no se ha dado, y que es paralelo al proceso de demonización de los colectivos que viven en esas tierras. Es decir, si deshumanizamos a esas minorías tenemos derecho a matarlas y echarlas de sus tierras porque no son personas, son como animales.

La UE no tiene grandes monopolios de lo digital, ¿solo juega un papel subalterno respecto a Estados Unidos?

Siempre se ha dicho que Estados Unidos inventa, China copia y Europa legisla, y es interesante que Europa se siente cómoda en este papel en el que no crea ni copia nada pero sí dice a los otros qué tienen que hacer. En principio, por ejemplo, se dijo que el GDPR —el Reglamento General de Protección de Datos— será imitado y la democracia se extenderá de manera homogénea por el resto del mundo. Hace más de un año que entró en vigor el GDPR y, sin embargo, la industria de extracción de datos sigue funcionando. Lo único que hemos notado es que tenemos que aceptar muchas más cosas cuando navegamos, para hacer lo que hacíamos antes, sin más. Y es el único cambio que nos afecta ahora mismo. Estamos en un modelo industrial en el que los únicos que tienen capacidad de ejecutar legislación sobre las tecnologías son las tecnologías mismas. El único que es capaz de legislar Facebook es Facebook, porque nadie más tiene la capacidad siquiera de peinar esos reinos para ver quién está cometiendo ilegalidades.

De hecho, ni Facebook mismo tiene esa capacidad, porque durante muchos años ha crecido precisamente porque es una empresa que tiene cuatro empleados y 5.000 millones de usuarios, es decir, ha basado su crecimiento en ir automatizando procesos hasta el punto de que les ha pasado por ejemplo lo de Myanmar. Tienes una estructura que usa el 80% de la población pero no tienes ni una persona en tu empresa que entienda el idioma que hablan o que entienda cuál es la situación allí.

“La vigilancia es una herramienta para la predicción y la predicción es una herramienta para la manipulación”

Nosotros estamos intentando legislar sobre tecnologías a las que no tenemos acceso. Ni siquiera sabemos cómo funciona Facebook, ¿cómo vamos a legislar? si ni siquiera podemos entrar ahí. Ha habido tres investigaciones oficiales de tres países digamos principales —Inglaterra, Estados Unidos y la Unión Europea— para ver qué ha pasado dentro de Facebook durante las elecciones, y todos han llegado a la conclusión de que han pasado cosas ilegales, que están completamente prohibidas en el contexto de la legislación de cada lugar, pero ni siquiera han conseguido entrar en Facebook para ratificarlo porque no pueden, ¿qué vamos a legislar en ese contexto?

El papel de Europa como legislador me parece que ya no tiene ningún valor, pero ¿cuál es el valor que tiene Europa? No lo sé. Supongo que aquí es donde están las grandes fortunas ¿O no? no lo sé, es una pregunta que yo me hago, ¿es un valor simbólico?

El mercado europeo quizá sea producto prémium dentro de un proceso en el que la extracción se produce a todos los niveles, pero teniendo más número de universitarios, más capacidad de atraer a universitarios de otras latitudes…

Es decir, es nuestro valor es como influencers.

Sí, te lo pregunto yo a ti.

Te lo compro, porque yo misma me lo pregunto constantemente. Me parece que el valor que tiene Europa es simbólico, como la princesa de la democracia, la última bandera de la democracia. Si conseguimos que se transforme en otra cosa pero podemos seguir llamándola democracia…, entonces, a lo mejor, el proyecto aguanta. Antes hemos empezado hablando de una guerra civil a nivel global, que es un concepto interesante; una de las cosas que explico en el libro es que no estamos en 1984, China está en 1984. ¿Cuál es la diferencia entre China y Estados Unidos? China es 1984 y Estados Unidos es Un mundo feliz, ¿para qué vamos a mandar a la policía a tu casa cuando te podemos convencer de que hagas lo que nosotros queramos y que pienses que se te ha ocurrido a ti? Es la diferencia entre un padre chungo y un padre guay, le doy una paliza a mi hijo y lo encierro en su habitación si no hace lo que yo quiero o le distraigo con videojuegos, compras, caramelos… y entonces eres súper feliz haciendo lo que quiero yo. Supongo que si Europa consigue evolucionar hacia algo llamado democracia pero que no lo es —que es un eslogan del 15M— ese es su valor, la capacidad de mantener el embrujo.

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