“El gran hackeo”: Cambridge Analytica es sólo la punta del iceberg

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Fue el escándalo que finalmente sacó a la luz el lado oscuro de la economía de macrodatos (también llamados big data) que sustenta Internet. “El gran hackeo”, un nuevo e impactante documental que se estrena hoy, cuenta desde dentro cómo una empresa, Cambridge Analytica, utilizó indebidamente datos personales de Facebook para dirigirse a personas concretas y manipular a los votantes indecisos en las elecciones estadounidenses.

Sin embargo, como dice a los realizadores del documental el ex consejero delegado de la ya desaparecida Cambridge Analytica, “no se trata de una sola empresa”. El documental va más allá y nos abre los ojos a la manera en que nuestras vidas están sometidas a una vigilancia —y control— constantes mediante la tecnología digital, y aborda sin cortapisas la cuestión de hasta qué punto el mismo modelo empresarial de algunas empresas de alta tecnología puede constituir una enorme amenaza para nuestros derechos humanos.

En el mundo online y digital, todo lo que haces deja un “rastro de datos”: un registro de todo, desde cuándo pones combustible en tu vehículo hasta qué sitios web has visitado. Cuando se combinan, incluso datos aparentemente inocuos pueden revelar mucho acerca de una persona.

Cambridge Analytica alardeó de tener 5.000 datos específicos sobre cada votante estadounidense. Según afirmó, aplicando un análisis “psicográfico” a su conjunto de datos, podía determinar el tipo de personalidad de cada votante y luego dirigirle mensajes individuales específicamente diseñados con el fin de influir en su comportamiento. La fuente más importante de datos era Facebook. A través de la aplicación de un tercero, Cambridge Analytica obtuvo indebidamente datos de hasta 87 millones de perfiles de Facebook, que incluían actualizaciones de estado, indicaciones de “me gusta” e incluso mensajes privados.

Pero este incidente no fue una anomalía. Fue la consecuencia inevitable de un sistema basado en recopilar y monetizar nuestra información: el modelo empresarial que la académica Shoshana Zuboff denomina “capitalismo de vigilancia”. Los pilares fundamentales del modelo son: recopilar enormes cantidades de datos sobre personas, utilizarlos para deducir perfiles increíblemente detallados de su vida y su comportamiento, y monetizarlos vendiendo esas predicciones a otras partes, por ejemplo anunciantes. Cambridge Analytica se limitó a utilizar ese mismo modelo básico para dirigirse a votantes, en lugar de a consumidores.

Este modelo se ha convertido en el núcleo de la economía de datos, y sustenta un complejo ecosistema de empresas tecnológicas, corredores de datos, anunciantes y otros. Pero son los pioneros del modelo, Google y Facebook, los que tienen un acceso inigualable al seguimiento y la monetización de nuestras vidas, al controlar los principales portales —fuera de China— al mundo online (entre ellos, Google Search, Chrome, Android, YouTube, Instagram y WhatsApp).

Por supuesto, Facebook y Google han manifestado reiteradamente su compromiso de respetar los derechos humanos. Sin embargo, cada vez con más frecuencia, nos vemos obligados a preguntar si el propio modelo de vigilancia de Internet entra inherentemente en conflicto con nuestros derechos humanos.

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